Con cariño a mis queridas viejotas, que nuestras vidas                                                     
             sigan llenas de comidas y mascotas.                                                      

Llegamos a febrero sin darnos mucho tiempo para pensar en ello, pasamos de la rosca a los tamales y de repente ya entramos en el mes de amor la amistad…quesque así le dicen. No quiero ser fea persona y ponerme a despotricar contra el festejo de los corazones, sin embargo, nunca he sido adepta al día.

En mis años adolescentes yo no fui de las chicas populares que brincoteaban con globos rojos por el patio de la escuela, o de las desconcertadas que dejaban escapar al aire los globos color negro. Pero todos hemos tenido novios, novias, quedantes, pretendientes, y las ganas de portarnos cursis y festejar el amor.

Mientras estuve haciendo memoria me di cuenta que los cachanillas tenemos la peculiar tradición de salir por las pizzas y las pastas en ese día. Por alguna razón siempre relacioné el festejo con tal comida, y no he sido la única. Anduve sondeando entre adolescentes y adultos, y todos tenían la idea de ir a un lugarcito a media luz, donde se pudieran compartir esos platillos.

Ante la curiosidad indagué con mis amigos de otros lugares, y no, no es como que vayan a las pastas con pizza.

Mis queridos chilangos me hablaron de comidas al estilo francés o asados argentinos, vinos y postres achocolatados, y eso me hizo querer saber por qué nosotros optamos por el amoroso estilo italiano.

En realidad no hizo falta rascarle mucho, si ustedes hacen un poco de memoria (los que pasan de 30 años), hasta hace un par de lustros, las opciones en la ciudad no eran muchas, y los pocos restaurantes que se alejaban de la comida china y los tacos, eran probablemente muy caros para la mayoría. Pero existía un lugar que marcaba la diferencia de las pizzas de La Fábula: se llamaba Dino’s, ¿ya se acordaron?

El Dinos era un restaurante ubicado en la céntrica Justo Sierra, y muchos fuimos ahí para celebrar algo especial mientras dábamos cuenta de sus platillos de inspiración italiana, rodeados por tenues colores, y música suave. Voy a atreverme a conjeturar que de ahí viene la tradición cachanilla, y que al desaparecer dicho establecimiento, los más adultos heredamos la idea de comida romántica italiana a los más jóvenes. La ventaja es que las opciones se han multiplicado.

Me he tomado muy a pecho la indagación de la selección del Chicali Tragón para este mes, porque también se que hay muchas parejas y amigos que se dan ese regalo, así que tuve que seleccionar un lugar del que nunca les he hablado, pero que visito con gran regularidad. Convoqué a mi grupo de Viejotas para comer sabroso, y ¿por qué no? celebrar con un buen de platillos nuestra emprendora, divertida y tragona amistad. Debo hacer hincapié en que nadie debatió el lugar elegido para comer juntas, y eso ya era buen augurio, porque si algo caracteriza a mis amigas, es que todas dicen siempre lo que piensan y quieren.

Arribamos ya pasadas las tres de la tarde de lo que puede catalogarse como un primaveral día en febrero, elegimos la terraza, y no tuvimos ningún pudor para elegir todo lo que se nos antojó del menú. Para los que no se han dado la vuelta por ahí, este es uno de los lugares catalogados como Baja Med, el concepto que se acuñó en Tijuana por el chef y restaurantero Miguel Ángel Guerrero, y que se ha convertido en una de las grandes atracciones de nuestro terruño. La cocina Baja Med se trata de hacer lucir cada ingrediente que ha sido cazado pescado o recolectado directamente de su fuente, cocinarlo con técnicas mexicanas, pero con inspiración en los platos mediterráneos, suena poquito complicado, pero es comida sencilla con sabores increíbles.

En cuanto llegamos nos refrescábamos con cervezas y agua de jamaica (con pepino y romero súper deliciosa), y dimos cuenta de un par de entradas: chistorra y champiñones al sartén. La primer entrada es la chistorra cocinada con cerveza y acompañada de crujientes papas en rodajas y un cremoso aioli. Si ustedes son fans de este embutido lo van a amar, si no, es una buena oportunidad para probarlo. En cuanto a los champiñones, éstos son cocinados con chile guajillo, ajo, vino y perejil. Los sabores al encontrarse no se opacan entre sí, y es una entrada que regularmente pido cuando voy acompañada de vegetarianos.

Tras la puesta al día en el chisme y la pedida de tortillas de maíz para acompañar la chistorra, llegaron los siguientes platos: ensalada wedge, pizza de cordero primal especial y pastas al pesto y al chipotle. La ensalada wedge es una de mis platillos favoritos en este lugar, aunque parta de la poco glamourosa lechuga bola, el resultado es una verdadera maravilla: lechuga asada acompañada con un cremoso aderezo de queso azul, chips de prosciutto, trocitos de cebolla y pistachos. Amor total.

Después de la ensalada opté por una rebanada de pizza, la base es delgada y crujiente, lo que hace que los ingredientes principales luzcan al por mayor, que en este caso fueron cordero primal y aguacate. Si tuviera que describir el sabor, es como si la pizza se hubiera casado con un delicado taco al pastor…¿ya están babeando?  Para estas alturas la verdad hubiera podido comerme una rebanada de pizza más, pero tomé un poco de ambas pastas para poder platicárselas. Para los dos platillos la base era pasta tipo fetuccinni, que es larga y aplanada. La de pesto es una combinación de crema de albahaca con aceite de olivo y mucho parmesano, la de chipotle lleva además crema, chile y tomate. La primera es por mucho mi favorita pero porque soy adicta al sabor tanto de la albahaca como del parmesano; la segunda, que también estaba deliciosa (de hecho se
acabó primero), es para aquéllos que quieren comer pasta sin alejarse de lo enchiloso.

Una de las cosas que más me gusta de salir a comer con las viejotas, es que siempre quieren postre, así que cerramos la tarde con un decadente “horneado de plátano”, donde la canela, la nieve, el dulce de leche y hasta las fresas, demuestran que a partir de ingredientes sencillos, se puede obtener la mejor de las recetas.  El Taller sirve además diferentes tipos de carnes, aves, pescados y mariscos en forma tostadas, tacos y platos principales, también tienen una extensa carta de vinos, cervezas y tragos, por lo que si andan en busca de un lugar especial, sin duda éste es uno de ellos.

Quiero agradecer de manera particular a Guillermo Chávez, que no sólo nos atendió con alegría y paciencia, sino que nos hizo sugerencias y nos explicó todo lo que preguntamos. También aplausos a Alejandra Pérez que estaba a cargo de la cocina y a Mónica Bañuelos, quien nos preparó el increíble postre.

El Taller está ubicado en Paseo de Los Laureles #1057 en Los Pinos. Abren de martes a domingo y van a tener algunos platillos especiales para el 14 de febrero.
*Colaboración originalmente publicada en La Voz de la Frontera el 10 de febrero de 2018.

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