De Filipinas sé muy poco, de hecho casi nada. Siempre que escucho el nombre de ese país pienso en la señora de los zapatos, ¿la recuerdan?. Cuando yo era niña las opciones televisivas eran pocas, por lo que todos los infantes de aquellos tiempos veíamos o escuchábamos por las noches el noticiero con Jacobo Zabludovsky.

Por eso, los que crecimos durante los ochenta (y los de antes también) queriendo o no, tenemos memoria de los acontecimientos históricos. Nos levantábamos escuchando noticias y nos dormíamos cuando se acababa el noticiero.

Entre mis diversas aficiones, vicios y comportamientos desenfrenados está el comprar zapatos. No soy tan especial, creo que la mayoría de las mujeres sufrimos de lo mismo, pero recuerdo perfectamente, el momento en que mi corazón empezó a dedicar un espacio para ellos. Por supuesto, la culpa es de la señora de los zapatos.

A mediados de los ochenta, en Filipinas, la pareja presidencial que había gobernado por mucho años, tuvo que abandonar el país en medio del caos provocado por la corrupción gubernamental. Una de las razones que más lastimaron al pueblo durante la dictadura de los Marcos, fueron los lujos con los que vivía la pareja, pero en especial la primera dama.

Fue así que mis ojos de niña miraron con incredulidad, asombro y deseo, el reportaje de los 3 mil pares de zapatos de Imelda Marcos. Hasta ahí mi conocimiento de Filipinas, esta extravagante mujer se repuso del revés y volvió a su país a ocupar puestos públicos. Su pueblo a pesar de todo la amaba y le perdonó lo de los zapatos.

Desde hace un par de meses varias personas me preguntaron si ya había ido al lugar de comida filipina por la Macristy. Lo anoté y esperé el llamado, regularmente elijo los lugares de investigación por pura corazonada, así que cuando uno de mis más queridos exalumnos de fotografía me hizo la misma pregunta, opté por ponerle fecha e ir a investigar.

Mientras manejaba buscando el lugar llamé a su número de teléfono para pedir indicaciones. Escuché una voz muy amable pero que aun no domina el español, por fortuna ya estábamos frente al local. Este pequeño restaurante de comida filipina se llama El Madrid Filipina a la Carte. Quizá les saque de onda el nombre, pero recuerden que Filipinas estuvo ocupado por España, así que no sólo en su lenguaje hay referencias españolas, también se las van a encontrar en su comida.

La mujer de la voz amable y oriunda de Filipinas se llama Imelda (¡por supuesto!), habla un poco de español y otro poco de inglés, sonríe con gran amabilidad y busca siempre la manera de contestar las preguntas sobre la comida. No se desesperen si van y no logran comunicarse del todo con ella, en realidad, el olor de la comida es tan rico que lo importante es señalar las fotos y esperar el plato.

El local es pequeño, limpio, con una dinámica de servicio como los pequeños restaurantes chinos express, donde se sirven 2, 3 o 4 porciones de los platillos por un precio. También hay algunas especialidades que no son parte de los paquetes y hay que pedir aparte.

Entre inglés, español, sonrisas y hambre, Ricardo y yo optamos por varios platillos de nombres desconocidos y empezamos a degustar. Lo primero que llegó a nuestra mesa fue un rico consomé de res, sin nada más que el sabor de la carne y los condimentos, calientito, espeso y en pequeña cantidad, perfecto para abrir el estómago.

Nuestro primer plato en forma fueron los camarones enmantequillados, servidos crujientes y con cáscara, sazonados con ajo y hierbas. El platillo es abundante y delicioso. Lo siguiente fue un par de maravillosos Lumpiang Togue, que son una variante de los spring rolls (chun-kun en nuestra gastronomía chicalense), pero rellenos de vegetales y un poco de pollo. Este rollito es crujiente, sustancioso y se acompaña de un aderezo de vinagre con cebolla morada.

Mi siguiente elección fue el Pancit, que es un guisado de noodles de arroz fritos con verduras y aderezados con limón, me recordó al sabor de la comida tailandesa, y creo que fue lo que devoré con más emoción. A estas delicias las acompañó la guarnición de arroz, que no puede faltar en la comida asiática, pero en este caso, el arroz es una combinación entre estilo chino y paella, ya que se fríe como el chino pero predominan los sabores tipo español.

Entre plática, preguntas, risas y el degustar algo nuevo Imelda, nos trajo el postre, que es un rollo frito relleno de plátano y cubierto de caramelo, si se lo están saboreando, se van a quedar cortos, es una combinación de sabores tan sencillos que no hay manera de no disfrutarlos.

Imelda lleva un año residiendo en la ciudad, llegó aquí acompañada de recetas y sus dos hijas. El destino fue nuestro Mexicali porque su esposo aquí trabaja desde hace un par de años.

A veces quisiera que cada persona extranjera que llega a nuestro Chicali nos compartiera su comida, pero claro no todos cocinan, es una suerte que Imelda sí lo haga. Para mi próxima visita probaré el curry estilo filipino y alguno de los platillos con puerco.

El Madrid Filipina a la Carte está ubicado en la calle Vicente Guerrero 1499, entre Macristy de Hermosillo y Río Acaponeta. Abren de lunes a viernes de 11 am a 8 pm. ¡Gracias Imelda! Con tu sonrisa y tu comida le das más sabor a nuestra ciudad del desierto.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en 90.7 y directora de Punto 56 Centro de Estdios Fotográficos.

** Colaboración publicada originalmente el 10 de septiembre de 2016 en La Voz de la Frontera

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