Mis queridos lectores cachanillas (de origen o de adopción, aquí no se discrimina), esta colaboración en particular me tiene más emocionada de lo que siempre me emociono, y es que este mes el Chicali Tragón cumple 2 años.

Si alguien me hubiera dicho que en algún momento de mi vida iba a estar escribiendo sobre comida en esta ciudad y sobre la ciudad, no lo hubiera creído. Primero, porque en algún momento de mi vida fui melindrosa con los sabores desconocidos, y segundo, porque como todo buen cachanilla joven, le tenía poco amor al terruño y planeaba escaparme en cuanto pudiera.

Por fortuna todos cambiamos, y encontramos belleza y alegría en sitios insospechados.

Como ustedes han atestiguado, en esta colaboración se han servido churros, elotes, cortes y hasta complejos platillos asiáticos, pasando por nieves de garrafa, exquisita repostería, hamburguesas y chamoy.

Desde hace algunos años venimos pensando la comida desde diferentes perspectivas, y no sólo como fuentes de gusto y alimento. La tendencia, ha sido ir entendiendo cómo la comida nos provee de mucho más que nutrientes y calorías para funcionar.

La comida define cultura, historia e identidad, y al momento de degustar sabores ajenos o lejanos, no sólo nos topamos con algo que tiene un gusto distinto, sino con toda una manera de vivir y pensar. Tan solo si repasamos las diferentes maneras en que se come en nuestro país, cada región ha definido su comida por el clima, lo que la tierra le ofrece y la dinámica en la que sus consumidores viven, por ejemplo, en la Ciudad de México el taco se come en la calle, rapidito, siempre hay prisa; en cambio, en el Valle de Guadalupe uno se sienta a ver el atardecer y casi casi a hacer poesía entre plato y plato, porque ¿cuál prisa?, o ¿cuál calor?

Creo que empecé a ser consciente del poder evocativo y de memoria de la comida hace algunos años, cuando estudiaba la licenciatura en historia. Un amigo muy vago nos llevó a comer menudo, en el lugar también servían quesadillas y tamales, por supuesto con tortillas de maíz recién hechas y un tarro de mantequilla suavecita al lado, sin faltar el café de olla o la coca-cola bien helada en botella de vidrio.

El espacio era una construcción de adobe con muchas fotos en las paredes, y desde que llegamos empecé a ponerme nostálgica, para cuando sirvieron la comida y dí los primeros bocados exclamé: esto es como estar en la casa de mi abuela. Y sí, mi nana era una mujer de campo que vivía en Sakamoto en una casa de adobe. Mi nana Malena falleció cuando yo tenía 8 años, y muchos años después este lugar de menudo me hizo sentir que volvía a comer en su cocina de rancho.

Estos dos años he conocido a gente maravillosa que cocina por razones ajenas a la comida en sí. Escribir el chicali tragón me da una amnistía maravillosa para literalmente meterme hasta la cocina y corazón de quienes preparan las mesas en esta ciudad.

Para celebrar el aniversario quise elegir algo que casi casi me tenía prohibido: uno de esos postres hermosamente adornados con todo lo imaginablemente azucarado, que lucen perfectos y temibles, y que serían la última cena para cualquier diabético arriesgado.

Desde hace algunos meses cada que preguntaba por postres nivel Instagram todo mundo me decía: tienes que ir con el Crepero del Amor, y después de ver su sitio en face decidí guardar la ocasión para celebrar los 2 años.

Arturo López es el crepero del amor y desde diciembre de 2016 prepara las crepas y frapés más decadentes y hermosos de la ciudad. Confieso que arribé con algo de miedo, porque mi gran debilidad son las nieves, el chocolate, el café y el nutella, todos ellos ingredientes base en este local. Llegamos a la cuadra gastronómica (Krizia iba conmigo y es fan declarada del crepero) justo a la hora en que los locales empiezan a tomar vida para recibir comensales, y mientras platicábamos de nuestros dulces favoritos y trabajos de oficina, la licuadora y la plancha iban activándose para prepararnos nuestros postres.

Arturo originalmente se preparó académicamente como contador, y a pesar de tener un buen trabajo buscaba hacer algo extra, algo que no fuera de oficina. En una acampanada llevó ingredientes para preparar hot cakes a la comitiva (dice que es lo que más le gusta cocinar), y no sólo hizo feliz a sus amigos, sino que con los hotcakes consiguió en nuevo amor.

Tras el éxito de la cocinada de acampada, sus amigos empezaron a pedirle los hot cakes del amor, y aunque el romance no prosperó si nació la idea de convertirlo en un negocio. De hot cakes mutó a crepas, compró un carrito y se puso a hacer las combinaciones con sus sabores y dulces favoritos.

Arturo ama los dulces como yo y muchos de ustedes, pero él en su brazo lleva tatuado un frasco de Nutella ¿qué tal?

Con todo el nervio del mundo (me da miedo que cada que pase por esa calle arribe por una de sus especialidades), recibí mi frappé: base de Nutella coronado con crema batida, un sandwich de nieve, crema batida, chocolate líquido y una cereza.

Aunque ustedes no lo crean, el nivel de chocolate y azúcar tenía un perfecto balance que no me hizo sentir empalagada, y la consistencia era cremosamente perfecta, sin sentirse demasiado espesa. Mientras yo moría de amor con mi frappé Krizia daba cuenta al suyo: base moka, crema batida y una paleta magnum coquetamente decorando el vaso.

Y como estábamos de festejo también le entramos a las crepas, compartimos la más popular, se llama #7 y tiene queso crema, mermelada de zarzamora, nutella, fresa, plátano y nuez. Alejandro tiene una excelente receta para la masa crepera y aunque parezca imposible, no terminé empalagada, ya que la mermelada de zarzamora y el queso crema hacen su chamba dándole un poquito de acidez a la combinación.

El Crepero del Amor ofrece 10 diferentes crepas dulces (y 2 saladas por si tienen un amigo amargoso), una crema banana, 4 diferentes bases de frappé y el Frappé del Crepero Chido, que incluye paleta magnum, sandwich de nieve, corneta, kínder sorpresa, un ferrero rocher y cereza, les dejo la foto, esperé a mi cumple para ir por ese.

El Crepero del Amor tiene dos ubicaciones, en la Cuadra Gastronómica por Calzada Cuahtémoc abre de martes a domingo de 6 a 11 pm, los viernes y sábado cierra hasta media noche. En Tianguis Valle Las Palmas abre de jueves a domingo de 6 a 11pm, y pronto estrenará una nueva ubicación. Les advierto que van a tener un subidón de azúcar, así que tengan planes posteriores y desquiten toda esa energía.

*Colaboración originalmente publicada en La Voz de la Frontera el 12 de mayo de 2018.

 

 

 

 

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