Llegamos al 2018, y me tomo la libertad de mencionarlo (a pesar de que ya es día 13) porque es nuestro primer encuentro del año. ¿Pueden creer que ya llevamos 18 años de siglo XXI?, a mí me parece inaudito. Recuerdo vívidamente la fiesta que organizamos el grupo de amigos para recibir el 2000, mientras la mitad del mundo esperaba el gran final que por supuesto no sucedió.

Desde entonces, se nos han atravesado el final del mundo maya (2012), un bonche de terremotos que nunca son el de la profecía de Nostradamus, y cambios sustanciales en la percepción de lo que son los lujos.

En el sentido clásico del lujo, este se ha disparado de manera desmedida con las vidas que nos muestran las redes sociales. Ahora todo mundo quiere mostrar marcas, viajes, vidas extremas, conocidos famosos y en general vidas de película. Por el lado real los sueldos se estacaron hace tiempo, los viajes deben planearse con antelación y todos sabemos que la mayoría de las vidas que vemos en redes sólo se ven fabulosas, pero distan de la realidad.

En los días de descanso (pocos, las navidades y su actividad dejan exhausto a todo mundo), me puse a leer en cómo los precios se han disparado, y yo se que no se trata de ponerlos tristes, todos lidiamos con los precios, pero en especial las marcas de lujo los han incrementado hasta en 80%. Esto quiere decir que si una bolsa de diseñador hace 20 años costaba 1000 dólares hoy cuesta 1800, la razón es simple, cada vez son menos los que pueden pagarlas, pero quienes pueden permitirse esos precios son tan ricos, que igual pagan 1000 o 1800.

Hasta hace algunos años los restaurantes anunciaban con bombo y platillo que sus ingredientes venían de otras partes del mundo, y así se nos llenaban los ojos de lágrimas cuando nos servían el salmón de un mar lejano, el pan quien sabe de dónde y las mermeladas de importación. Pensar en frijolitos recién cocidos, el taco de hielera y aguacates del árbol de la tía, eran cosas no presumibles y menos, comentadas con las amistades. No me van a decir que no han dicho o escuchado el clásico: “pa’ frijoles en mi casa”.

Los tiempos cambiaron, dejar la ciudad es tarea de alto riesgo debido a los costos y eso de la casa sola, pero lo que nunca puede faltar es diversión y buena comida. Y ahí es donde todos empezamos a voltear a lo que teníamos cerca y a presumir los aguacates recién robados directo del árbol de la tía y la tostada con camarones recién pescados en San Felo. Por necesidad, empezamos a ver lo que siempre estuvo frente a nuestros ojos y ¡lotería!, nos dimos cuenta que no solo era bueno, sino espectacular.

Ahora vivimos un movimiento de comida nacional donde sin pena se alaban frijoles, hacemos listas de los mejores tacos, y soñamos con encontrar y darle las gracias de frente a la seño que hizo las tortillas o las salsas que nos acabamos de zampar. Y así nuestras presumidas van del molito oaxaqueño, la machaca, la gallina pinta, el quesito de rancho y el sueño de volver pronto a la Ciudad de México para entrarle a unos buenos tacos al pastor, los del sabor chilango.

Hace algunos días tuve el gusto de comer y platicar con un cachanilla amante de los tacos de la capirucha: Aarón Alvarado. El joven chef se ha formado en las mejores cocinas cachanillas, y su especialidad siempre fueron los postres. Sin embargo, el amor por el taco y las ganas de empezar a cocinar en su propio negocio, lo llevaron a asociarse con Marcos González para armar Bondojito, y eso nos convierte en unos cachanillas más afortunados.

El menú nos recibe con esta leyenda: “Bondojito ¡Tacos Chingones! Totalmente adictivos”, y les puedo decir que sí, que no es mera presunción. En lo que nos acomodamos y nos ponemos al día de la festejadera navideña, nos sirven la primera sorpresa de la noche, una limonada con tomate, que aunque suene rarísimo y poco atractiva, es refrescante, novedosa y muy rica.

Aarón me cuenta que el bondojito es el nopal pelado, y agradezco la enseñanza, porque siempre relacioné la palabra con lo gordito, así que además de especializarse en la carne al pastor, el nopal es un ingrediente importante en la propuesta. Abrimos plaza con el taco que lleva el nombre de la casa y que contiene nopal asado, queso, carne y frijol, que por supuesto es una delicia en tortilla de maíz que se acompaña de las magníficas salsas de la casa: chipotle (especial para el pastor) pico de pájaro, la de aguacate (que no es simple guacamole) y la de jalapeño, que más que salsa se siente como una crema.

Apenas estábamos en los comentarios felices del taco Bondojito cuando llegaron las tostadas Don Goyo: carne al pastor y queso Oaxaca gratinado…¿ya están babeando?, a sugerencia del chef les pusimos salsa de chipotle y aguacate: perfección.

Esta verdadera fiesta decadente para nuestros paladares apenas estaba tomando forma, y mientras nos reíamos de las aventuras que Aarón ha vivido en las diferentes cocinas, aterrizaron en nuestra mesa sendas quesadillas de pastor con su piña…¿les ha pasado que están platicando de lo más normal mientras comen y de repente el bocado los hace paralizarse porque no pueden creer lo bueno que sabe?…pues justo eso me pasó, el detalle de incluir la piña lleva a esta quesadilla a niveles sublimes de alegría.

Para ese momento y mientras me enteraba que el lugar apenas tiene dos meses en funciones, llegó a la mesa una preciosa cazuela de clásico peltre azul, en su interior, carne en su jugo acompañada de tortillas, para taquearle o sopearle según sea el gusto. Obvio pedimos que ya no nos sirvieran más cosas, porque todo estaba tan delicioso que era difícil rechazar cualquier cosa que se posara en nuestra mesa.

El restaurante es espacioso, bien iluminado, limpio y con una excelente atención de todo el equipo, debo hacer hincapié en que mientras se come también se escucha una buena y sabrosa selección de cumbias.

Para rematar y teniendo como antecedente que el chef es especialista en postres, nos hizo llegar dos de sus creaciones: flan de chocolate y gelatina de arroz con leche. El primero tiene el indómito sabor del chocolate mexicano, y la gelatina es un excelente twist a todo un clásico de la cocina nacional. Nos cuchareamos los postres en la sobremesa (son pequeños no se asusten), y nos fuimos sabiendo que vamos a volver.

El menú también ofrece huevos y 5 tipos de chilaquiles para el desayuno, alambres, tortas y ensaladas, puro lujo con sabor nacional.

Bondojito está ubicado en Lázaro Cárdenas 2618 Local 2 en Nuevo Mexicali, en un centrito comercial justo detrás de la gasolinera de la calle 4ta. Abren de lunes a sábado de 9 am a 11 pm, y los domingos de 11 am a 9 pm. Me despido con la frase al reverso de su menú: “A falta de amor…¡tacos al pastor!

*Colaboración originalmente publicada en La Voz de la Frontera el 13 de enero de 2018.

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