Con amor para mis roqueros porque también saben de tacos

Es genética mexicana saber de tortillas, pero sólo corresponde al ADN norteño el ser experto en tortillas de harina. He dedicado este espacio en diversas ocasiones al disfrute del taco, pero había estado reservándole el honor que se merece a lo que humildemente acá llamamos el taco de guisado.

Si no eres del noroeste posiblemente relacionas a la tortilla de harina con el afamado burrito. Con los años el burrirou prácticamente se ha convertido en propiedad gringa, donde se comen unas deliciosas versiones que en su interior incluyen arroz, frijoles negros, repollo y queso cheddar. Ésta reinvención del taco tiene poco o nada que ver con lo que de este lado de la frontera nos recetamos.

Pudiera enlistar una buena cantidad de razones por las que amamos los tacos de guisado, pero creo que es más interesante hablar de los motivos bajo los cuales sucumbimos a ellos:

  • Que si saliste directo a la prepa sin alcanzar a desayunar, no te preocupes, seguro alrededor de la escuela encontrarás a una diligente doñita con su hielera repleta de tacos.
  • Que no alcanzaste a preparar el toper para llevar lonche al trabajo, tranquilo, al rato pasa por las oficinas la señora que de a fiado te suelta tus tacos y linda ella, te los cobra hasta que llega la quincena.
  • Que tienes que hacer fila en el túnel para sacar el permiso, respira, en los puestos hay buenos tacos.
  • Que acabas de de terminar el after y necesitas algo sólido en el estómago: ufff, sin llorar, que ya temprano hay varios puestos donde están esperándote mientras se ponen las tortillas al comal y se le da vuelta a la variedad de guisados.
  • Que andas crudo, pasas a aliviarte con un buen taco con el guisado más enchiloso disponible y lo empujas con la coca de botella de vidrio bien helada.

Fue hace ya bastantes años cuando por alguna de estas circunstancias caí por primera vez a los tacos Belén. Yo vivía con el hombre que fue el dueño de mi corazón por aquéllos años y llegaron a visitarnos sin aviso los amigos roqueros. Entre música, tragos y risas vaciamos el refrigerador de la casa. En agradecimiento prometieron llevarnos a curar la mañana a unos tacos bien sabrosos. Por un tiempo, fue una tradición el rematar las desveladas en esta esquina de la Nueva Esperanza.

Regresé esta semana, acompañada por Miriam, una de mis más queridas amigas y una profesional en el arte de disfrutar del buen comer. Corrimos con buena suerte: el lugar solo ha mejorado, la oferta de guisados es más amplia de lo que recordaba, y desde hace tres semanas cuentan con aire acondicionado.

Ya acomodadas en lo fresco y echándole los primeros tragos al agua de Jamaica elegimos nuestros tacos de chorizo con papas, nopalitos con chile y carne de res, rajas con crema y nopalitos con huevo. En lo que nos llegaba el pedido el diligente mesero nos trajo salsas y totopos con frijoles refritos, que claro no duraron en la mesa.

Tras la parrilla veíamos a un joven hacendoso que con gran velocidad sacó las tortillas del comal recién hechas y nos envió nuestros tacos. Debo confesar que aun con lo tragona que me perciben es prácticamente un manjar de pocas veces al año eso de permitirme el taco de harina. No es por payasa, es que con la edad mi norteño cuerpo ya no quema tan bien esas delicias de nuestra cocina.

Con gran rapidez disfrutamos de nuestras órdenes. Los guisos bien sazonados, la tortilla suave, los nopalitos en su punto, el huevo bien revuelto, el chile llegador pero sin castigar, la carne tierna, el chorizo sin exceso de grasa, las rajas bien cremosas y además, en todos la cantidad exacta de frijoles para realzar el sabor de cada guisado.

Estuve tentada a hacer un pedido más, pero decliné la posibilidad de terminar con el mal del puerco para mejor platicar con Don Mario Chávez, dueño de este negocio. Me cuenta con una sonrisa que inició en 1996 en la misma esquina, tan solo con una ramada y un carrito que atendían él y su esposa Belén. Arrancaron con una oferta de 5 guisos, ahora preparan un promedio de 25. Lo que más disfruta don Mario es la fidelidad y alegría de sus clientes, me dice que mientras el y su familia nos alimentan ellos reciben la satisfacción de ver nuestras sonrisas.

Con gran orgullo me cuenta que a sus tacos han venido todo tipo de comensales, incluyendo filipinos, ingleses, holandeses y muchos gringos. Lo mejor ha sido que algunos de sus ahora clientes se han alimentado con Tacos Belén “desde el vientre de sus madres”. Con los años sus madres les cuentan que muchas veces ahí acudieron a cumplir un antojo mientras les gestaban.

En la actualidad la familia Chávez sigue atendiendo el negocio, ahora Mario hijo en la cocina y además 4 personas más que ayudan a servir y tener el local listo para los clientes. No es de extrañar que quien coma con ellos regrese, el trato es amable, el local limpio y fresco y se alcanza a percibir que la familia le trabaja con ganas y con amor.

Al terminar de platicar con Don Mario regresé a la mesa donde estaba mi amiga Miriam, que con cara de poesía me describió a su taco: “Pues mira, las rajas tienen el picor en su justa medida, la untada de los frijoles mmmmhhh…. suculenta, y para coronar, la crema que como fina capa cubre todo el taco le da un acabado agraciado y antojable; y la tortilla de harina remata ese juego de sabores con ese toque crujiente y mantequilloso. Definitivamente cuando veo el taco como un todo y le doy la última mordida… siento una especie de paz en el pecho, como si de verdad ahí adentro deambulara un alma”.

Tacos Belén esta ubicado en calle Villahermosa esquina con Nuevo León de la Colonia Nueva Esperanza. Abren de martes a domingo de 7 am a 7 pm. Recuerden, están estrenando refrigeración.

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*Colaboración publicada el 23 de julio de 2016 en La Voz de la Frontera

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