Lo bonito pareciera una búsqueda constante en nuestras vidas. Nos detenemos embelesados ante un aparador con objetos hermosos y brillantes. Las mujeres podemos detener el tiempo cuando nos topamos con zapatos espectaculares. Nuestros ojos se pierden en el horizonte cuando atestiguan uno de los cinemáticos atardeceres mexicalenses.  ¿Quién no se ha paralizado ante la belleza de un hombre guapo o una mujer hermosa?

La belleza nos congela, nos saca de combate y nos asalta sin que podamos oponer resistencia. Lo mágico de lo bello es que cada quien establece su parámetro. Y es así que por fortuna, siempre habrá algo bello para nuestros ojos y siempre seremos bellos para los ojos de alguien.

Cuando se trata de comida, no es precisamente la belleza la que nos lleva a elegir un platillo, nos guiamos por descripción de ingredientes, olores y en el caso de que veamos una foto, no pensamos si la comida ahí dispuesta es fotogénica y bella. Para la comida utilizamos un “se ve rico”, o un “mira que sabroso”.

Hace algunos meses, uno de mis queridos informantes (todos los lectores pueden serlo), me avisó de un lugar que se veía bien bonito y que era una boutique de postres. La combinación de las palabras bonito y postre son perfectas, así que la puse en mi lista cada vez más larga de lugares a visitar y por fin pude ir.

El lugar del que hoy les hablo, y de donde salen esas hermosas creaciones que ya pudieron saborearse con las fotos, se llama MUS y sí, lo encuentran en esta ciudad.

Lo primero que me sorprendió es que detrás de estos delicados postres se encuentra alguien muy joven.

Julio Peña, mexicalense de apenas 28 años, se lanzó sin miedo y de lleno a conquistar un mercado casi nuevo en la ciudad. No es que no tengamos riquisísimos postres y panaderías cachanillas, en este su chicali tragón ya han aparecido varias, pero los denominados postres de vitrina no son comunes.

MUS es un pequeño local boutique, por lo que no está diseñado para que ahí se consuman los postres, sino que sólo los compres. Es un lugar lindo, bien iluminado, de colores claros, una larga banca de madera (imagino que es para sentarte un momento a contemplar los postres), y música ambiental moderna y de volumen bajo.

Debes saber que cada belleza que encuentres en la vitrina es preparada por Julio, ya que desde que arrancó en febrero hasta el día de hoy, se encarga por completo de todo el proceso: la compra de ingredientes, desarrollo de recetas y la elaboración. Cada postre es creación total de su inspiración a partir de los productos que va adquiriendo. También debes saber, que si te enamoras de un postre en particular no lo vas a encontrar cada que vayas, ya que la idea del chef es ir creando y experimentando con texturas y sabores a diario.

Mientras me platicaba su historia con la cocina, yo me quedaba congelada mirando los postres, tanta belleza me atrapaba. Julio estudió en la Universidad Vizcaya, pero desde niño se sintió feliz en la cocina. Para sus padres, no fue ninguna sorpresa la elección profesional de su hijo, ya que durante su adolescencia era normal que se ofreciera para cocinar para ellos y sus amigos.

De entre todas las pequeñas joyas que hay en la vitrina tuve el gusto de probar tres: la primera fue una tarta de queso en jelly, con migas de galleta y bolitas de mousse de leche. La tarta está rodeada por una sólida corteza que contrasta fuertemente con la consistencia jelly del pastel de queso, así que mientras sientes lo crujiente y amantequillado de la corteza, la sensación del queso derritiéndose en la boca es fenomenal, aplauso extra por el sabor del dulce de leche en mousse, detona de lleno en la boca pero desaparece tan rápido que yo no terminaba de asimilar la explosión de sabores en una sola mordida.

El segundo postre con el que me enfrenté fue un bellísimo durazno apostado sobre un pequeño cartoncito dorado. El durazno esta formado por una delicada hoja de chocolate blanco, que al quebrarse tiene en su interior relleno jelly de durazno y pedacitos de compota de durazno. Es un postre fresco, ligero y elegante, dulce sin ser empalagoso y tan delicado que no alcanzas a pensar en no terminarlo. Creo que es la elección perfecta de postre para los pocos que no son afectos al chocolate regular.

Por último, tuve en mis manos un pequeño rectángulo de texturas de frambuesa y fruta de la pasión, con mora negra, discos de chocolate blanco y bolitas de frambuesa en mousse (sí, todo eso). Este choque de texturas tiene una base de corteza de galleta, y en sus sabores los contrastes son muy pronunciados, tanto entre sus texturas como con lo dulce y ácido de sus ingredientes, si tuviera que definirlo en una sola palabra frase sería: elegantemente arriesgado.

En MUS es probable que encuentres postres con pistachos, violetas, rosas y fruta de la pasión, además de formas únicas que incluso te harán desear no comerlos, a veces la belleza invita sólo a la contemplación. Pero queridos tragones, no se distraigan, estos delicados postres son un pedazo de cielo que hay que probar.

También debo decirles que este no es el tipo de pastel que se compra para los niños, es un regalo al paladar que se debe apreciar en su totalidad y sin ningún desperdicio o accidente de juegos.

MUS está ubicado en Marmoleros #2001, muy cerca de Justo Sierra. Abren de lunes a sábado de 12 a 7 pm. Por ahí me dijeron que a veces los postres se venden por completo muy temprano, tómenlo en cuenta.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en 90.7 y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

** Colaboración originalmente publicada el 19 de noviembre en La Voz de la Frontera
CT MUS 5 CT MUS 6 CT MUS 7 CT MUS 8 CT MUS 9 CT MUS 10 CT MUS 11 CT MUS 13 CT MUS 14

Quizás te guste

Share This