Llegamos al tercer fin de semana de este 2019, y sé que el oropel de las fiestas de fin de año ya desapareció. Si alguno de ustedes ha escuchado aquello del “blue monday” es justo el que llega este lunes. Los científicos dicen que el tercer lunes de enero siempre es el más triste, porque se conjuga que los festejos terminaron, que ya no andamos deseando feliz año, que ya nos dimos cuenta que gastamos de más y ya nos animamos a querer entrar en los skinny jeans que por supuesto o no cierran o de plano ni entran.

Escribir el Chicali Tragón de enero siempre me cuesta trabajo, porque se que muchos están intentando cumplir con los propósitos de llevar dieta o simplemente cuidar su manera de comer, y no quiero ser la culpable de que su fuerza de voluntad se resquebraje.

Con todo eso en mente llegué a la conclusión que debía buscar algo parecido a un abrazo calientito, porque ahora sí que nos llegó el invierno, y la respuesta por supuesto que estaba en el café, porque además, hacía mucho no traía a ninguno a estas páginas.

Creo que todos tenemos nuestra muy especial historia y relación con el café, la mía inició con esos cafés prohibidos que mis dos abuelas me daban a escondidas de mis padres. Después, cuando llegué a la universidad, acostumbraba a ir a uno de esos lugares donde te llenaban la taza por horas por 5 o 6 pesos, y obvio ese café ni sabía bueno y tampoco te dejaba dormir por diversas razones ajenas a la cafeína.

En aquéllos años universitarios supe del café chino Victoria, así que a veces nos internábamos en el Centro de la Ciudad, para tomar uno o dos vasos de café con leche, y para nuestra buena suerte hacia finales de los 90, unas chicas se aventuraron a abrir el primer café de especialidad en la ciudad: el 1661.

Quizá para los mexicalenses jóvenes, parar en cualquier café hoy en día no signifique mucho reto, pero hace algunos años no había una cultura y consumo de esta bebida, que fuera más allá de los cafés instantáneos y amargos que preparaban los abuelos.

Hoy en día, tenemos propuestas para todos los gustos, uno elige el café que toma en casa o en la calle tomando en cuenta parámetros como precio, espacio, marcas, conectividad, ubicación, tipo de gente que lo consume, sustitutos de leche, si apoyan el comercio justo, y un largo etcétera…así que agregarle a las variantes que en uno de los cafés de la ciudad tengan a su propio maestro tostador, es motivo suficiente para dedicarle la visita de este su chicali tragón.

El UNO-800 Café es un negocio 100% local de verdaderos apasionados por las infinitas posibilidades que los granos de café pueden ofrecer. Si alguno de ustedes de repente recuerdan que hace algunos años había un lugar en la Colonia Nueva con ese nombre, sí, son los mismos.

Llegué a su local en uno de estos días fríos cargados de niebla, así que sólo cruzar la puerta y ser recibida por el olor a café recién hecho, mucha gente en las mesas y una cómoda temperatura que me permitió quitarme el abrigo, fue como llegar a lugar seguro.

El equipo de jóvenes no paraban atendiendo a clientes de todas las edades, y rápidamente me acomodé en la barra para echar la platicada con Fernando Pacheco, propietario y  serio apasionado de todo el proceso que se requiere para servir un buen café.

Primero le pregunto del nombre para asegurarme si era el mismo que yo recordaba de la Colonia Nueva, y así me cuenta con nostalgia de aquéllos años, cuando se animó a aventurarse por primera vez, cosa que ni fue fácil ni sencilla. Para empezar, Fernando pensaba que el café le caía mal, y por casualidad probó un café de especialidad en otra ciudad y de ahi se dio cuenta que el café de su pasado era lo que no estaba bien.

Esa sencilla acción lo llevó a un nuevo mundo, créanme se le nota el amor en la mirada cuando comparte lo que sabe y cómo es que lo sabe. Por allá del 2005 inició su preparación autodidacta experimentando con recetas, en su proceso tuvo la fortuna de ser preparado como barista por un campeón nacional y fue hasta el 2007 cuando por fin abrió la primer versión del UNO 800, esa aventura duró 2 años y terminó de manera abrupta, por lo que tardó mucho en aventarse de nuevo al ruedo.

De 2007 al 2015 se dedicó a aprender en serio sobre grano, variedades, mezclas, tueste y métodos de preparación. Ya con ello a cuestas apostó de nuevo por un punto de venta, pero ya acompañado de su esposa Erika y su hermano Jorge, que además se tomó el tiempo para convertirse en Maestro Tostador.

Lo primero que debes saber de UNO 800 es que cuando te tomes una taza de cualquiera de sus cafés, este es un producto 100% mexicano, comprado directamente a los productores y tostado personalmente por Jorge, así que el control de calidad es serio.

En mi visita me prepararon 2 cafés, yo soy clásica, por lo que me pareció excelente que no me propusieran nada con cremas ni sabores. Con el método de goteo manual ejecutado en la misma barra, me prepararon dos propuestas de la casa, no sin pasar por el ritual de oler, encontrar los aromas del café, y disfrutar al máximo una bebida que por el control de calidad que aquí se tiene, no necesitó de azúcar ni leche. El sabor fue intenso sin ser amargo, el olor sin ningún rastro de acidez y la temperatura perfecta, nada de lengua quemada.

Una de las cosas más especiales del UNO 800, es que tienen todos los métodos que se te ocurran para hacer café: goteo regular, goteo manual, espresso, aeropress, sifón japonés, chemex, y mizudashi. Por lo que en cada visita puedes experimentar sentirte un poco alquimista..

Ahora, no creas que solo vas a encontrar café, UNO 800 tiene un menú con ensaladas, bagels, paninis, muffins, croissants y wraps, todos preparados para empatar en calidad y sabor con sus bebidas. Probé 2 de sus sandwiches: el melt de pechuga de pollo y un panini de pollo al pesto. El primero hecho en muffin ligero con pechuga a la plancha, lechuga rizada, queso mozarella, mayonesa, aderezo especial y se sirve caliente. Estaba perfecto. El panini venía en un pan tipo ciabatta muy delgado y casi crujiente, el pollo marinado en pesto en su punto sobre una cama de lechugas mixtas..delicioso, creo que no puedo decidir entre los dos. Además, el pan lo elabora el joven chef Josué Flores en exclusiva para el café.

El menú también incluye pastelería, postres, y tés, además de que cada temporada hacen bebidas edición especial, sobran motivos para visitarles.

UNO-800 CAFÉ está ubicado Lázaro Cárdenas 2399 Local 6 de Plaza Tec. Abren de lunes a jueves de 6 am a 10pm, viernes cierran a las 11pm, sábados de 8 am a 11 pm y los domingos de 8 am a 10pm.  Y es el lugar donde con café buscan darle abrazo al corazón de cada cliente. Nota: tienen opciones vegetarianas.

* Colaboración originalmente publicada en La Voz de la Frontera el 19 de enero de 2019.

 

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