Llegó esa época del año que no sé si ustedes la viven así, pero para mi el verano es de encierro y meditación: cerrar cortinas, exponerme poco al sol, salir de noche, ver películas, leer, pensar y pensar. Además, cumplo años en julio, así que la combinación de encierro y hacerme más vieja y sabia, le agrega harta reflexión a esta temporada.

Cumplir años en julio siempre fue un drama en vida, les cuento: cuando era niña no había nada que me causara más envidia que ver a mis compañeritos partir el pastel traído por sus mamis al salón de clase, o las fiestas en parques a las que todo el grupo íbamos.

Para cuando llegaba mi cumple ya estábamos de vacaciones, y muchos de mis amigos obviamente habían sido sacados de la ciudad para disfrutar con sus padres de alguna playa. Así que mi fiesta se reducía a un pastel en casa al que venían a cantarme las mañanitas los hijos de las amigas de mi madre, que si bien, mucho les debo por alegrarme el día, pero no eran mis amiguitos.

La infancia y adolescencia no fue de cumpleaños esperados, además como buena mexicana educada por la industria del drama, pues tendía a ponerme triste. Para cuando llegó la adultez nunca me preocupé mucho por organizar fiestas, porque mucha gente anda fuera, y en caso de seguir en la ciudad, es difícil encontrar lugares refrigerados para todo mundo, así que opté muchas veces por huir de suelo cachanilla y festejar en mejores climas.

En mi caso llegó un momento de vida donde me di cuenta que eso del drama era perder mucho tiempo y energía, por ejemplo: pasé de: ¡que triste cumplir años en julio!, a: ¡ah que padre que cumplo años en vacaciones y no me tiene que abrazar gente por compromiso! Ahora festejar una nueva vuelta al sol me emociona muchísimo, porque es lograr seguir sacándole jugo a la vida, a pesar de que muchas veces las circunstancias parecen cargarse al lado adverso.

Disculpen ustedes lo meditabunda, pero ¿a poco no somos bien dramáticos? Nuestra educación latina siempre tiende a relacionar lo bueno con lo doloroso: si es amor y no hay peleas constantes a mucha gente no le sabe; si las amigas no pasan por berrinches y dejadas de hablar, no son amigas para siempre; si vamos al gimnasio y no nos ejercitamos hasta el  vómito, no valió la pena; si salimos de fiesta y no perdimos la compostura, no la pasamos bien; y si comemos y no paramos hasta atravesar por el mal del puerco, pues seguro no estuvo sabroso.

En los últimos años he tratado de quitarle ese factor a mi vida, y así han ido desapareciendo las cosas y personas que me complicaban la existencia, porque en serio, la vida es bastante corta como para pasarla anclado en el drama de novela. Y saben una cosa, desde que opté por dejar ir a lo que me llenaba de drama pues la vida se me ha hecho mucho más productiva y me preocupo por lo que merece la preocupación.

Andando con todas estas cosas en la cabeza y mientras manejaba por Justo Sierra, miré un logotipo que llamó mucho mi atención, así que llegando a casa me puse a buscar y sorpresa: pasteles y sin azúcar.

Visité Zero Repostería hace unos días, y aunque ya iba emocionada con la idea, la experiencia fue mejor de lo que esperaba. El cerebro detrás de este nuevo lugar es Iván Meza, quien a sus 32 años pasó por una transformación de mejoría de hábitos alimenticios, y en el trayecto se puso a hacer pasteles, porque como a casi todos, le encantan los dulces.

Mientras me contaba la historia de cómo batallándole fue desarrollando las recetas, y también que la gente se negaba a probar los pasteles al saber que no tenían azúcar, nos  carcajeamos justamente hablando de que regularmente pensamos que las cosas valen la pena solo si nos destruyen.

Iván junto con su esposa Dania se han dedicado al negocio de café desde hace tiempo, y empezaron a meter en los menús las creaciones sin azúcar, y justo pasó que nadie los quería probar, así que dejaron de aclarar ingredientes y cuando la gente les comentaba que les había encantado el pastel en cuestión ya les decían que había sido elaborado sin harina, sin leche y sin azúcar. La aceptación de los sabores y las nuevas recetas les llevó a considerar abrir un espacio comercial exclusivo para esta línea de postres, y es así que desde hace 2 meses forman parte de las opciones de la céntrica Justo Sierra.

Mientras me preparaba para probar una buena selección de delicias llegó una chica, que buscaba un postre para un compañero de trabajo que por cuestiones de salud tuvo que dejar de consumir azúcar, pero que querían festejarle y alegrarlo con algo rico, así que prácticamente se unió a la degustación.

Opté por empezar por el pastel de chocolate, porque es una de mis grandes debilidades, así que fue una gran alegría darle una mordida a un suave pastel con mucho sabor pero que no empalaga, además de que tenía diamantina comestible que le daba glow. No saben la alegría que sentí, porque cada vez que me preocupo por comer sano solo pienso en los dulces, soy de esas que puede dejar las pizzas y los tacos, pero el chocolate…jamás.

El segundo mordisco se lo dediqué al pay de nuez, que es balanceado, suave, cremoso, con mucho sabor a nuez y con el crust más bueno y saludable del mundo, este es el ideal para los que no gustan de los sabores tan azucarados. Sin planearlo dejé el pastel de zanahoria para el final, y mis queridos cachanillas, si ustedes andan con la malilla del azúcar, con este van a engañar perfecto a su vicio, es dulce, esponjoso, cremoso y lo mejor: tiene un caramelo líquido arriba que literal hace que te chupes los dedos.

En Zero tambien hacen galletas y como no quise perder la capacidad de distinguir los sabores, guardé una de chocolate chips para el café de esta mañana, y además de que estaba deliciosa sentí que me llenó mucho y ya no me dió el ataque de quiero comer 10 galletas más ahora.

Me fui feliz de ahi, primero porque me da mucho gusto que la ciudad cada vez tenga más opciones de comida, y porque sé que para todos es una buena noticia saber que hay postres que de plano se pueden comer sin culpa, y porque también, todos mis lectores diabéticos o a dieta no tienen porque privarse de la alegría de un buen postre.

En Zero además hacen pastel y flan de nutella, pay de queso, brownies, galletas y próximamente pan de caja.

Zero Repostería está ubicado en Justo Sierra 211 en la colonia Cuauhtémoc Sur. Abren de martes a domingo de 9 am a 2 pm, y de 5 a 7 pm. Cuando vayan, pidan su café que es cortesía.

*Colaboración originalmente publicada en La Voz de la Frontera el 14 de julio de 2018.

 

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