Desde hace algunos años decidí detenerme y estar. Esta ciudad es producto de las casualidades y los accidentes, de la suerte y la necedad.

Decidir habitar el desierto es cosa de las almas atormentadas, pero nacer y permanecer en éste, es cosa de gente loca: de gente como uno pues. La naturaleza de la ciudad y con ello la naturaleza de su gente es habitarla “por mientras”, y los “por mientras” son muchos: “por mientras” me arreglan los papeles, “por mientras” termino la escuela, “por mientras” encuentro otro trabajo, “por mientras” junto una lana, y entre un por mientras y otro seguimos aquí, nos quedamos, volvemos o nunca nos vamos.

Esa ha sido la constante de la ciudad, un lugar de paso, en el que solo se está en lo que se llega al destino deseado, o en lo que por fin se puede escapar del calorón y del tedio. Aclaro que no ha sido resignación el decidir quedarme y estar, más bien entre viajes, escapes y la perpetua planeación de irme, pude verme y vernos, pude ver que es emocionante ser un necio y construir.

Se nos hincha el cuerpo cuando presumimos que nos vamos por temporadas o que escapamos en un viaje a un lugar de primer mundo, pero no se hagan, cuando ya vienen de regreso no pueden dejar de pensar en las tortillas de harina, la buena carne asada (la que si es del norte), las carnitas coloradas y el brócoli bien crujiente, las bubas, la chela helada y la chavela bien reportada.

Amo ese momento cuando decides qué comer después de un viaje, llegas y algún cashania te grita: ¿qué va a llevar mushasha? (o mushasho según sea el caso), desde ese grito hasta el momento en que el primer bocado toca tu lengua hay magia. Yo siento que el alma me regresa por fin al cuerpo.

En mi búsqueda constante de nuevos sabores que de me devuelvan el alma al cuerpo, decidí entrarle a los food truck, y por recomendación de algunos amigos llegué a El Artaco.

Hay pocas cosas sagradas para los mexicanos, y los tacos son una de esas. Apostar por crear nuevos sabores en este rubro es un atrevimiento arriesgado, ya que un mal taco es imperdonable.

A sabiendas de esto, Luis Névarez, cashania de apenas 30 años, decidió unir esfuerzos creativos con el chef Andrés Amador, mejor conocido como el homie, quien después de haberse dedicado por 8 años al arte del sushi (con el super único Kim en Ichibán) incursiona en el taco con 6 nuevas propuestas (más 4 extras que no son taco).

La característica general de cada uno de estas propuestas es que ya están armados, es decir, no hay salsas, ni sal, ni limones en la mesa. No se asusten, esto es serio, Luis y el homie tienen una salsa para cada taco, estamos hablando de un maridaje bien pensando entre tortillas e ingredientes.

De los tacos diseñados en El Artaco opté por el Califonia Love y el Vegetariano, y mientras esperaba en la mesa tuve el gusto de iniciar mi noche con agua de Jamaica con limón que ahí también hacen. El vegerariano tiene una buena vista, ya que está hecho con tortilla de maíz-nopal, y en cuanto lo muerdes puedes distinguir el balanceado ensamble de aguacate cremoso, hongos marinados, cebolla morada curtida, queso monterrey derretido, cilantro, la salsa tatemada, el chile california y los pimientos. Vegetarianos cachanias, dénse una vuelta, no lo van a lamentar.

El California Love usa tortilla tradicional de maíz, pero entre la tortilla y los ingredientes hay una cama de chile california tatemado, que envuelve al aguacate, la tierna arrachera que se deshace al mordisco, queso, cilantro, cebolla morada y salsa tatemada. En ambos casos el marinaje del ingrediente principal hace única la experiencia.

Luis y el homie apuestan por hacer arte del taco, y no decepcionan. Confieso que tuve que huir para no pedir las demás especialidades pero pronto volveré, ya que es prometedor leer su menú con salsas que incluyen ingredientes como piña, mango y betabel.

Larga vida al noble y versátil taco, y buen fin de semana a los necios, obstinados y locos hombres y mujeres del desierto que construyen esta ciudad.

El Artaco está ubicado en Calle Novena a un costado de plaza Natura, abre de lunes a sábado de 6 a 11pm.

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*Colaboración publicada originalmente en La Voz dela Frontera el 21 de mayo de 2016

 

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