Pensar a México siempre es un relajo. El gran pedazo de tierra que nos contiene y atiende es complejo, contrastante, diverso, tembloroso, húmedo, seco, alto, bajo, hermoso, inhóspito, de ensueño, y millones de cosas más. Si me pongo a mencionarlas, esta colaboración sólo estaría llena de adjetivos, a nuestro terruño es imposible definirlo con pocas palabras.

Entender al país es tarea imposible también, cuando uno piensa que ya sabe como hacer las cosas o llevar la vida mexicana, pues no: cambio de rumbo y volver a empezar.

México pareciera estar hecho de muchos países chiquitos, cada uno con sus usos y costumbres, modos, modales y aspiraciones. Chistoso que cada mexa se queje de lo que le tocó, ya sea el clima, lo agreste, lo silvestre, lo populoso o contaminado; pero a todos nos toca ser testigos de como los que vienen de otros lados ven con ojos abiertos y emocionados el pedazo de México en el que vivimos.

De todo lo diverso que somos creo que como mexicanos si tenemos 2 características en común: el gusto por la buena comida y la tendencia al drama y el escándalo.

Advierto que no estoy haciendo ningún juicio, aceptemos sin peros nuestro escandaloso dramatismo, no nos hagamos.

Si ustedes han tenido la oportunidad de salir del país, seguro se han dado cuenta que al momento de regresar y llegar a la sala de espera para abordar camión, avión o barco, uno sabe que llegó a la sala indicada nomás por el arguende mexicano, no existe la manera de que pasemos desaparcibidos. Creo que no hay poder en el mundo que nos ponga serios y discretos en algún momento.

Con respecto a la comida, pues que les puedo decir, nuestro paladar es muy ecléctico y no he encontrado pedazo de territorio nacional donde no se preparen verdaderas maravillas, y van desde lo que se consume en la calle hasta en refinados restaurantes. La comida mexicana históricamente ha sido elogiada por propios y extraños, pero ha sido justo en los últimos 5 años, cuando nuestra cultura culinaria ha tomado un vuelo espectacular y es tendencia dentro y fuera del país.

En años recientes hemos visto como el mole se ha elevado a categoría de poesía ancestral, la comida Baja Med es todo un acontecimiento a nivel mundial, Oaxaca se ha convertido en un destino gastronómico por excelencia, los mezcales son la nueva bebida de la muchachada y los tacos son el platillo mas deseado y aplaudido a nivel mundial.

Mi novio es gringo, y creo que ninguna palabra le emociona tanto como Chilaquiles.

Los que han tenido la oportunidad de salir del país, seguro estarán de acuerdo conmigo con que se come a veces muy bien y otras no tanto, pero que como uno es mexicano y aquí nos comemos hasta los chapulines y las hormigas, pues pocas cosas sorprenden al paladar. Cuando ya venimos de regreso siempre lo hacemos pensando en lo primero que nos vamos a degustar a manera de bienvenida, ni se atrevan a decir que no.

En esta nuestra ciudad fronteriza de paso y donde nos hemos quedado, hay una variedad interesante de sabores, y aunque igual disfrutamos de hotcakes, hamburguesas, wafles, menudos, pozoles y birrias, siempre parece buena idea cuando alguien te invita a comer a determinado lugar, argumentando que “ahí si preparan la comida como en mi tierra”.

Mi amiga Eli, que es culichi y de buen diente, me aventó ese argumento de convencimiento, así que tuve que ir a desayunar a donde si preparan los desayunos como en el meritito Culiacán.

Hace algunos domingos tuve el gusto de internarme en Nuevo Mexicali y conocer La Pitahaya Redonda. De entrada es un restaurante mexicano tradicional y sencillo. Lo bueno empieza rápido, nomás llegar y arriban los totopos bien crujientes a la mesa con sus respectivas salsas. En cuanto nos dieron el menú me llené de preguntas, es material de estudio total de usos y costumbres culichis, así que empecé a preguntar que era el colache, las kekis y las pellizcadas.

El menú de desayunos tiene varias secciones, una de ellas es la de “Los arrejuntados”, otra es “Pa’ puro pesado”, hay “Pa’ los crud…desvelados” y también “Pa’ probar de todo un poco”. Ya con la guía de la amiga Culichi asesorándonos a Monserrat y a mi, elegimos tres platillos: El Guamuchil, El Fuerte y el Mocorito; y así arribaron a la mesa sendos platos con huevos revueltos, chilaquiles rojos, frijoles con queso, machaca con verdura, chilorio y tamalitos de elote frito.

Arrancamos con los chilaquiles, y pues es de todos sabido que cada región tiene su manera de prepararlos, éstos en particular además de estar bien crujientes y calentitos, estaban hechos con salsa de chile guajillo, así que empezar el desayuno con ese peculiar sabor ahumado y seco es particular, porque acá se acostumbra más la salsa a base de tomate, así que mega palomita con estos chilaquiles.

Después me advirtieron que debía probar el chilorio, quesque porque el de Sinaloa es el bueno, y como yo no me hago mucho del rogar procedí a la degustación del mismo: pedazo de tortilla de maíz recién salida del comal para cucharear un chilorio que se deshacía en la boca. Aplausos para el chilorio sinaloense hecho de pierna de cerdo, definitivamente peligroso platillo que puede causar adicción.

Después de esa delicia vino el turno a la machaca, que es cierto que es distinta a la de Sonora, las dos me gustan, pero esta es menos seca, de sabor profundo y que combina perfecto con los huevos y frijoles que acompañaban cada plato.

Para terminar por todo lo alto dejamos para el final el tamal de elote frito, según yo, en mis deseos de no ser tan tragona, aseguraba que no me lo iba a terminar…pero después del primer bocado fue imposible dejarlo. Creo que el tamal de elote frito debería ser declarado tesoro nacional, porque nada se parece a esta delicia y además me recordó las tardes de invierno en casa de mi abuela. Si no lo han probado y están pensando que quizá es un exceso, pues si lo es, pero eso no lo hace menos exquisito.

Hay algo que yo no ordené pero que mi amiga Eli sí y otros comensales que asumo que son culichis también, en este lugar el desayuno se pasa con una gran copa de Choco Milk, así que salud, y festejemos este mes mexicano con cualquier cosa que se prepare justo como lo hacen en la tierra de alguno de nuestros amigos.

La Pitahaya redonda está ubicado en Lázaro Cárdenas y Calle Novena en Nuevo Mexicali. Abren de lunes a viernes de 8:00 am a 11:55 pm. Cuando vaya no se le olvide que Colachi son nada más y nada menos que calabacitas con queso.

* Colaboración originalmente publicada en La Voz de la Frontera el 16 de septiembre de 2018.

 

  

     

 

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