Una historia, de esas que se cuentan en verano cuando no tenemos mucho que hacer, una que pocos conoce.

Un acontecimiento de las cosas que salieron mal antes del gran éxito de Henry Ford. En 1908, su modelo T fue revolucionario: cambió el tamaño de las ciudades, las estructuras de los negocios, nacieron muchas industrias y oficios con las necesidades del automóvil. Y para 1920, el empresario necesitaba asegurar más material. 

A continuación, el antecedente para poder entender esta historia. El caucho es un material que no se deforma, ni se deteriora, es natural y se saca de un árbol que se llama Hevea brasiliensis y únicamente crecía en el Amazonas. La comercialización del caucho no dependía de Brasil. Henry Wickham fue un explorador que se enamoró del proceso de producción del caucho, y por no poder estar en Brasil, se robó 70,000 semillas del árbol para llevarse a Inglaterra, esto fue algo que actualmente se denominaría como biopiratería. El inglés logra que 3,000 de estas semillas crecieran en Asia, en colonias del Reino Unido. Para los 20s, 96% de la producción del caucho ya estaba controlada por el imperio Británico y el resto estaba controlado por Brasil. Y la historia empieza con Henry Ford no queriendo negociar con el imperio Británico caucho para las llantas de sus carros.

En algún momento histórico se fundó una ciudad en medio de la selva llamada Fordlandia en Brasil. Se gastó 20 millones de dólares (en aquel tiempo) por 25,000 km2 para hacer esta idea. Aparte de querer el caucho, quería que sus trabajadores brasileños conocieran y disfrutaran el estilo de vida americano. Construyó casas, cines, una iglesia, un hospital, un campo de golf, piscinas comunitarias, todo en medio de la selva. Empieza a reclutar a los nativos y ofrece educación y servicios médicos gratuitos y muchos brasileños aceptaron el trabajo.

¿Qué podía salir mal? Todo. 

Henry Ford no contrató especialistas en botánica. El árbol que da caucho crecía de manera silvestre en Brasil y los americanos querían una granja para tener la producción controlada. Modificaron el terreno, hicieron cuadrículas, plantaron los árboles y los brasileños les decían que no iba a funcionar. Con esta modificación se murieron árboles, llegaron enfermedades por la humedad y las lluvias eran incontrolables. 

Si imaginamos la ciudad en ese entonces, era muy bonita, muy falsa, parecía set de película. Henry Ford, queriendo replicar sus modelos exitosos americanos, impuso reglas de cómo se debía vivir en esa ciudad: un reloj checador y un horario, que no usaran chanclas, estaba prohibido el alcohol, dietas sanas y estrictas muy americanas, se prohibió el fútbol. Ford tenía una política en su empresa de que los trabajadores podían comprar los productos que producía y puso en medio de la selva 50 km de caminos asfaltados para que sus trabajadores pudieran andar en carro. 

Los empleados renunciaban a la semana. En Brasil, en aquellos años, no existía la cultura de consumo. Entonces los brasileños juntaban el dinero que necesitaban para vivir ciertos años y se iban. No se produjo caucho, los empleados no querían trabajar en Fordlandia, el sueño de Henry Ford se estaba volviendo imposible, toda su inversión no funcionó. Los empleados estaban hartos del lugar, de las imposiciones, de las reglas, de la comida, de la música, de la vida social, todo hasta que hicieron unas revueltas. Tuvo que entrar el ejército para calmar todo, era una pesadilla para todos. 

 

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